23/2/14

Santas VS. Pecadoras

" Shalit quiere que las mujeres sean madonnas. Pero, puedes haber madonnas sin putas?"


He ahí la pregunta del millón, al menos en términos de identidad femenina. La casta y el pendón. La señora y la zorra. Perdonarme por lo reduccionista de la tipología, pero 2000 años de dominación patriarcal y castrante moral judeo-cristiana después, seguimos ateniéndonos a los mismos arquetipos. Y, si, culpemos también a la moda de ello. Desde que las damas de la corte de Borgoña descubrieron sus cinturas y revalorizaron sus cuerpos, las mujeres se han vestido para inflamar a los hombres. Esto nos lo diría cualquier antropólogo: en la necesidad de perpetuar la especia está el quid del eros indumentario.


Pero la erótica del vestir tiene a veces más que ver con lo que se oculta que con lo que se muestra. Dejar margen a la imaginación: he ahí la otra cuestión: "Cuando se ve el pie, se adivina la pierna", escribía el romántico Alfred de Musset. Lo curioso es que mientras las faldas comenzaron a menguar, empezaron a subir los escotes. Las chicas del Swinging London podían dejar que las bastillas acariciaran sus muslos, pero de cintura para arriba parecían chiquillos, el pecho plano, el cuello abotonado. Como medir, pues, el pudor y el zorrerío? Es una cuestión de vestimenta o de actitud? Pensadlo: en Japón no hay mujer más sensual que la geisha, ejemplo de recato envuelto en capas de tejido.


En tiempos de twerking y tanga, noñerío y braga de cuello alto. Por cada Miley Cyrus desatada hay una Lorde vestida de internado de señoritas. Por cada Mila Kunis marcando canalillo hay una Emma Watson de escote blindado. Por cada Kate Moss de naturaleza desnudista hay una Kate Middleton educada para no perder jamás la compostura.


Entre la muchachada anglosajona se extiende una corriente de pensamiento que prima un buen casorio por encima de una carrera universitaria. Todo aderezado con los best sellers de E.L. James y de Costanza Miriano. Así que a nadie le extrañe que la moda esté respondiendo a la situación.
La tendencia ya tiene nombre comercial: el No-Sex Sexy. Y parece que está aquí para quedarse, al menos, otros seis meses más. Sirve lo mismo para invocar el romanticismo victoriano de Pierpaolo Piccioli en Valentino que para conjurar la inocencia de las hermanas Olsen.

MORALEJA! No es necesario vestirse como una cualquiera para resaltar sexy, ya lo dice la sabiduría popular: lo que no da morbo es un estorbo.